El Blog de Psicología Alternativa

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sábado, 29 de octubre de 2016

¡Y lo he hecho yo!

Muchas veces nos quejamos de falta de autoestima y es porque no valoramos lo que hacemos.

Os propongo probar a hacer el siguiente ejercicio:
-Siéntate de vez en cuando, date cuenta de cómo te sientes y a continuación haz un repaso de lo que has hecho, mas o menos así:

Hoy, me he despertado y lo he hecho yo;
me he levantado y lo he hecho yo;
me he lavado la cara y lo he hecho yo;
me he hecho tostadas y lo he hecho yo;
me las he comido y lo he hecho yo;
…
he ido al trabajo con el autobús y lo he hecho yo;
…
he clasificado el trabajo pendiente y lo he hecho yo;
…
he recogido la casa y lo he hecho yo;
he barrido y lo he hecho yo;
...y así, concretando todo lo que queramos o necesitemos.

Y volved a prestar atención a como os sentís ahora.
Seguro que ha cambiado.

Puede que, sin probarlo, te parezca una tontería pero funciona y es por una razón:

En el ciclo de satisfacción de necesidades es necesario, después de llevar a cabo una acción, tomar conciencia de lo hecho, y después permitirse sentir la satisfacción consecuente. Muchas veces evitamos esta fase saltando de hacer una cosa a otra, sin permitirnos reconocer nuestro merito, nuestra participación en ello. A lo mejor nos decimos como mucho “¡Qué bonito ha quedado!”.

¿Cómo que ha quedado? ¿Quién lo ha hecho? Lo he hecho yo.

El poder real está en nuestras capacidades, no en quién tiene más razón o quien grita más. No consiste sólo en competir a ver quién tiene más dinero o es más algo. El poder real de uno mismo también surge de nuestras acciones, de ser coherentes con lo que decimos y de valorarlas, desde la más pequeñita. Nadie llega a millonario sin reconocer antes el valor de una moneda.



viernes, 30 de septiembre de 2016

POR QUÉ ESTA MAL "SER LA OPOSICIÓN”

Por dos razones:
  1. La primera es que el que se define así está a nivel neurológico de identidad. “Ser la oposición” es diferente de “oponerse”, que es una conducta. Oponerse como conducta es más flexible y manejable que como identidad.
    Es diferente decir a un niño “has hecho una tontería” que “eres tonto”, que va dirigido a la totalidad del ser y lo anula y dificulta para corregir la tontería.
  2. La segunda razón es que oponerse por sistema es lo que se llama funcionamiento por evitación. La persona sabe lo que no quiere, y se opone y trata de evitarlo, con el inconveniente de que tiene la atención siempre centrada ahí, por lo que no tiene una dirección u objetivo alternativo. La persona elige por eliminación, es decir, elige entre lo que menos le gusta (recordad que solo tiene la atención en lo negativo, en lo que no le gusta). Y se queda con lo que resta o con nada.
    A diferencia de esto, esta el funcionamiento por objetivos: pienso en lo que necesito o quiero, planifico, le doy forma a mi idea y voy a por ello. Aquí estoy eligiendo lo que quiero y como lo quiero, y trataré de obtener lo más parecido a ello. Aquí se elige por selección.

El funcionamiento por objetivos permite mayor bienestar, es creativo y lleva hacia el desarrollo y la evolución. Es un proyecto que evitará o eliminará lo que crea malestar.
Mientras que el funcionamiento por evitación busca simplemente aliviar, oponiéndose y no lo consigue por mucho tiempo, porque no ofrece alternativa, ya que tiene la atención centrada en lo que no quiere.

Y trasladando esto a la política, creo que de unas elecciones salen una serie de partidos. Todos están en el Gobierno y lo forman en mayor o menor grado según el numero de votos. Y han de ponerse todos a trabajar en crear bienestar al país y a los ciudadanos que les hemos elegido para ello, incluyendo cambiar, quitar y mejorar lo que no funciona.
Es decir les corresponde a todos funcionar por objetivos. Y como es un trabajo en equipo, proponer todos, crear entre todos y también oponerse mutuamente todos a las ideas o partes de los proyectos que no les gusta de los otros y buscar acuerdos. En cualquier caso siempre con el bienestar colectivo como objetivo (que es el nivel de adulto en el desarrollo ético).

Si alguien se sitúa y se identifica como la Oposición y en contra del Gobierno, es boicoteador, se automargina, trata de aliviar pero no lo consigue porque cuando algo se quita hay que poner otra cosa en su lugar. Y eso no lo hace. El trabajo del Opositor es un trabajo muy fácil, solo hay que decir que no, pero no crea bienestar para nadie.

sábado, 10 de septiembre de 2016

INDEPENDENCIA ES DIFERENTE DE AUTONOMIA

Nacemos dependientes y necesitamos a alguien para que atienda nuestras necesidades.
A los dos años, más o menos, empezamos a probar nuestra capacidad de atenderlas cuando decimos: “Yo solo”, al ponernos un abrigo o hacer algo, cuando llevamos la contraria y al no querer que nos ayuden. Es nuestra primera etapa de independencia. Hay una pequeña lucha.

Hay una pequeña lucha con las personas que nos atienden , que es un poco mayor cuando los padres son muy ayudadores, o es inexistente con los padres sobreprotectores (el niño se rinde).
De todas formas, la independencia va a ser siempre un enfrentamiento, con la dependencia y con aquellos que la sostienen mas allá de lo necesario para nuestra edad.

En paralelo, vamos desarrollando una autonomía, la capacidad de atender nuestras necesidades. La autonomía generalmente no esta en lucha, es algo interno, es un reconocimiento que nos da la tranquilidad de saber que, cuando necesitamos algo, lo podemos tener. Viene del entrenamiento de cuidarnos. Nos da paz.

Y otra diferencia entre ambos conceptos es que, mientras la persona autónoma no tiene ningún problema para dejarse ayudar o pedir ayuda, la persona independiente , como esta en lucha con la dependencia, tiene muchas dificultades para dejarse ayudar o delegar en otros.

Ocurre que cuando somos adultos, en nuestra cultura, muchas veces en las familias se dan dependencias cruzadas implícitas, (no habladas): “Yo cuido de ti y tú cuidas de mi”. Suele llevar a discusiones porque, o “no haces tanto por mi como yo por ti”, o “pretendo tenerte siempre disponible por si te necesito”, etc. Y es que se nos acusa de ser “egoístas” cuando atendemos nuestras propias necesidades.
En las familias con autonomía, en lugar de eso, hay la capacidad de compartir. Hay el reconocimiento de lo que es de cada uno, de sus capacidades y un trabajo en equipo para beneficio simultaneo de todos.

Y cuando somos adultos, quizás somos autónomos, pero no nos damos cuenta y vamos de independientes pensando que eso es ser adultos. Vivimos en una continua lucha con los demás, con la dependencia, no acabamos de reconocer nuestras capacidades y luchamos con nosotros mismos para superarnos. Vivimos en un continuo sobreesfuerzo. Porque: “¡claro, no somos unos críos dependientes!”
Pero la persona que se reconoce como autónoma se permite ser dependiente e independiente cuando lo cree necesario, no necesita luchar y vive mas relajada.

¿Cómo podemos pasar de la independencia a la autonomía para obtener mayor bienestar?
-No colgándonos de los demás y participando en el reparto de tareas caseras.
-Reconociendo los limites entre lo que nos corresponde a nosotros y lo que corresponde a otros. Encontrando los limites. Esto nos va a ahorrar muchas discusiones tanto en casa como en el trabajo. También se llama reparto de responsabilidades.
-Reconociendo nuestras necesidades y cuidándonos. Siendo lo suficientemente egoístas para atender nuestras necesidades y no colgarnos forma habitual de otro.
-Respetando las capacidades de los demás y reconociendo su autonomía. Es mejor no tratar de sentirnos útiles o imprescindibles creando personas dependientes a nuestro alrededor.
-Aprendiendo a trabajar en equipo valorando el trabajo realizado. Soltar el exceso de competitividad



Asumiendo el protagonismo de nuestra vida y eligiendo cómo queremos vivir. Estamos en una cultura que muchas veces cree que lo mejor es no hacer nada y que lo hagan los demás, y nos perdemos muchas gratificaciones de la vida.

miércoles, 22 de junio de 2016

PEDIR ES DE ADULTOS

Nos hacen creer que no hay que pedir, es de mala educación, de niños malcriados, y hasta indigno, y dejamos de hacerlo.
Y empezamos a exigir, sobre todo a nuestra pareja, y esperamos que “adivine” lo que necesitamos, lo que nos apetece...un imposible sobre todo si se lo hacemos a un hombre.

Como habréis podido comprobar no funciona, ha de ser al contrario.

Exigir es de bebes, que no pueden aceptar que no les atiendas. Su vida va en ello, dependen totalmente de otra persona, y chillan y lloran todo lo que haga falta. También vale exigir cuando hay un acuerdo entre adultos, como en un puesto de trabajo por ejemplo, y hay que cumplir.

Pedir es de adultos, que pueden cubrir sus propias necesidades o buscar a quien pueda hacerlo. Los adultos pueden pedir las cosas y aceptar un “si” y un “no”.

Eso si, requiere valentía, atreverse.

domingo, 5 de junio de 2016

DERECHO A EQUIVOCARSE

El miedo a equivocarse y el perfeccionismo van de la mano.

El mes pasado estuvieron cambiando unos cables de las torres de alta tensión que hay cerca de casa. ¡Lo hacen en tensión, sin cortar la luz! El hombre que dirigía el trabajo estaba junto con otros colgado de los cables e iba nombrando con calma y claridad el protocolo, los distintos pasos que iban ejecutando. Los demás estaban callados y con una atención plena. Aquí no se oía varias personas hablando a la vez ni bromas o risas. Este es un trabajo que exige perfección. Un error puede costar la vida.

Comparemos esto con una niña española de 6 años que se va a vivir con sus padres a otro país con otro idioma y que se pasa meses y años sin hablar en el colegio por miedo a equivocarse, porque lo va a hacer mal, porque sus compañeros se reirán. Es un hecho real.

O comparemos con todas esas relaciones de pareja en las que pretenden que la pareja actúe, diga y haga las cosas a su gusto, cumpliendo expectativas, muchas veces desconocidas y sino hay enfado seguro. Es bastante habitual. O la de horas que podemos estar dando vueltas a unos grifos que hemos comprado y que no nos gusta como quedan con el resto del baño (a las 5 de la mañana dije basta).

El perfeccionismo nos ata a unos condicionantes muchas veces desconocidos, el derecho a equivocarnos nos libera.

Libertad para aprender (nadie nace sabiendo)
Libertad para sentir y expresar lo que sentimos (coherencia y espontaneidad)
Libertad para ser mas nosotros siguiendo nuestras propias expectativas (autenticidad)
Libertad para cambiar y ser también diferentes si es lo que queremos (integración)
Libertad para hacer las cosas sin juicios absolutistas: bien o mal. (creatividad)
Libertad para poder intentar algo una y otra vez (constancia, tenacidad)
Libertad para cometer nuestras propias equivocaciones y asi poder ir corrigiendo y alcanzar la maestría.


Le he preguntado a mi marido: “¿Que te parece el articulo?” Y me ha respondido: “Es casi perfecto”Jajaja, voy aprendiendo a redactar!

sábado, 7 de noviembre de 2015

NO NECESITO SUPERARME ll: FLUIR CON LA VIDA, ENCONTRAR EL MOMENTO Y LA FORMA ADECUADA.

Una madre harta de repetir a su hijo que ordene el cuarto, le dice un día: “Me gusta ver tu cuarto ordenado, me siento feliz, me resulta mas fácil de limpiar y me hace sentir orgullosa de ti.” Y el hijo le responde: “No sabia que era importante para ti... Como lo repites tanto...”.
Nuestras palabras y nuestras acciones se pierden habitualmente en unos guiones cotidianos que vivimos como un rumor de fondo, que aprendimos no se sabe ya cuando y a los que ajustamos nuestras vidas. Viviendo mecánicamente impedimos que nuestras acciones resalten en la vida. Y muchos de estos guiones arrancan de los 5 años.

Muchas cosas que no nos funcionan en la vida, gran parte de los problemas que nos surgen proceden de estos guiones, de esa rigidez con la que vivimos la vida. Y como una forma de tratar de arreglarlo nos damos prisa, queremos las cosas ya, tratamos de hacer más de lo mismo que ya hacemos, repetimos más las cosas, etc. Y el resultado que obtenemos es crearnos ansiedad.
¿Cuál es el camino? Una vez más, volver al presente, a lo que hay, a reconocer cómo están hoy las personas que nos acompañan, cómo estoy yo hoy, al aquí y ahora. Y encontrar el momento y la forma adecuada para la situación que vivimos.

Pensamos que podemos y tenemos que dirigir nuestras vidas y quizás hasta las de los que nos rodean, que nosotros sabemos lo que es mejor para todos y nos sentimos obligados a hacer lo que creemos conveniente. Pretendemos controlarlo todo y salimos de ahí, por lo menos, frustrados.

En la vida estamos yo, el otro o los otros y algo que es superior a nosotros. Unos lo llaman Dios, otros el Universo, yo lo llamo la Vida. En la Vida hay un orden, y unos ritmos, gran parte de ellos los podemos reconocer en nuestro cuerpo, en nuestra biología. Y en los hechos que suceden nosotros tenemos una parte de la acción, el otro o los otros también tienen su opinión o su parte de la acción y hay una tercera parte que corresponde a la Vida. Y compruebo y me maravillo continuamente de que las soluciones que plantea y que surgen de la Vida suelen ser más completas que las que nosotros, los humanos, habíamos planeado.

Pero para conectar con ellas es necesario esperar al momento adecuado y encontrar la forma adecuada.

Necesitamos reconocer lo que necesitamos o deseamos, estudiar la forma adecuada de obtenerlo, que tanto puede ser por alguna acción como por dejar de hacer algo, y entonces, saber esperar. Y actuar o no en el momento adecuado que nos daremos cuenta de que ha llegado si estamos prestando la atención necesaria.

Además de cuándo, es importante cómo hacemos las cosas. Bajar la voz en lugar gritar nos permite muchas veces facilitar la escucha.
Y a veces no se trata de no tirar piedras al río sino de hacerlo donde no haya personas a las que pueda mojar.

Cuando nos atendemos y reconocemos, cuando también lo hacemos con el otro y atendemos al presente, al aquí y ahora, estamos fluyendo con la vida y nos resultara todo mucho mas fácil, podremos vivir con el esfuerzo justo.

lunes, 2 de noviembre de 2015

NO NECESITO SUPERARME I

¿Quién nos ha engañado haciéndonos creer que necesitamos ser mas que lo que somos? A veces necesitamos ser menos. Esto es como cuando se cocina, es necesario encontrar el punto de sal a la comida para que este buena, y no va a estar mejor por echarle más! Tampoco vale si me he pasado de sal echarle azúcar para compensar, no funciona.
Encontrar el punto de sal es poner la cantidad justa de mi , de mis conductas, de mi actitud, sin pasarme y sin quedarme corta. Así que a veces me toca hacer algo que no hacia y otras veces me toca dejar de hacer o abstenerme de hacer algo, que parece mas fácil pero no lo es en absoluto. A veces es mejor callar, no intervenir y salir de escena.
Todos y cada uno tenemos un papel en esta vida, o varios, de protagonista, actor secundario y a veces de extra. Es necesario respetar el papel del otro, lo haga o no lo haga, pero nunca conviene ocupar el papel de otro, el que no nos corresponde, porque no nos funcionara bien.(Padres haciendo de hijos con sus propios hijos, hijos que hacen de padres, maridos y mujeres haciendo de padres o hijos de su pareja, …)
¿A quien le estamos usurpando sus funciones? Solo me llevara a la frustración y falta de reconocimiento por parte de los demás.
Tenia una compañera de estudios con la que era difícil trabajar y exponer en equipo. Traía un montón de hojas para hablar solo 10 minutos. Le decíamos que necesitaba ajustarlo a ese tiempo y para mejorarlo, el día siguiente traía mas. Lo intentamos varias veces, y resulto imposible. Al final acordamos el grupo con ella que cuando le pegáramos un codazo era pre-aviso para que fuera acabando y que al segundo codazo ya tenia que callar. Funcionó.

No siempre más es mejor.