El Blog de Psicología Alternativa

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miércoles, 11 de octubre de 2017

CÓMO DISCUTIR CON TU PAREJA Y LLEGAR A BUEN TÉRMINO

Es imprescindible discutir con la pareja, tenemos diferentes opiniones y convivimos, es imposible evitarlo. Como me decía una amiga, es mejor tener cada día una crisis pequeñita que aguantarse y tener una grande. Quizás no saliese bien parada nuestra relación.

¿Cómo podemos discutir para que sea algo beneficioso para nuestra relación? Es posible haciéndolo de la siguiente manera:

Antes que nada, practica la escucha activa: Escucha a tu pareja sin estar pensando que le responderás, que voy a decir, o que me va a decir. Se trata de escuchar vaciando la cabeza de suposiciones, poniendo atención en lo que te dice. Te sorprenderá.

También es necesario saber que, entender o comprender a esa persona, no es aceptarla ni tener que creer lo que dice. Se trata de escuchar y reconocerla. Es su opinión, es necesario respetarla y dejarla con ella, no tomarla ya.
Y luego está el tema de quién tiene la razón. La razón no la tiene una sola persona, no es tuya o mía sino que puede ser de los dos.

 Cada persona viene de una cultura familiar diferente y ha tenido una experiencia de vida particular que le hace interpretar la vida a su manera. La realidad es una y la interpretación que hacemos de ella muy variada. Cada uno tiene su razón y su parte válida.

Se trata de escuchar al otro, tratar de entender lo que significa para él. No se trata de dejarse convencer ni de ceder absolutamente en lo que pensamos. Se trata más bien de acercarse un poco a su forma de pensar, de ceder cada uno un poquito. Porque no vale que solo ceda uno siempre y el otro “se salga con la suya”.

El siguiente punto importante es cómo discutimos, nuestra actitud. Percibimos antes la actitud y el tono de voz que las palabras. El lenguaje no verbal suele tener más poder que las palabras. Puede ser que estemos en una lucha de poder y no nos hayamos dado cuenta. ¡Quién no se ha encontrado alguna vez en una discusión sin acordarse de cómo empezó! En una lucha de poder nos olvidamos del objetivo de la discusión para tratar de demostrar al otro quién tiene más poder, quién gana. El resultado habitual es que todos salen perdiendo.

Es necesario recordar que la relación de pareja es una relación entre iguales, nadie está por encima del otro, no funciona tratar de mandar a tu pareja lo que tiene que hacer. Empeoras la discusión.

Y ahora llega el punto más importante para discutir bien: Habla de tí. Expresa lo que opinas, percibes, sientes…siempre hablando de ti: “yo pienso que…, tengo la impresión de que …, te percibo, te veo muy…”, como si todas las frases empezasen por yo, expresando lo que sientes y opinas, sin juzgar, criticar al otro, sin utilizar el” tú”: “Es que haces las cosas de una manera…, no piensas en lo que dices…, siempre estás con lo mismo, eres un@....Cuando añadimos “siempre, nunca, todos, eres…” todavía es peor. Empieza una pequeña batalla con lanzamientos de dardos verbales de uno a otro, del que es difícil salir.
Ser asertivo es hablar desde uno mismo teniendo en cuenta al otro, sin perder nuestro centro.

Cuando hablo desde mí mismo, desde lo que siento, opino, percibo, ….es mucho más fácil escuchar y es más informativo. Ya no recibo una imposición ni una crítica de lo que hago por parte de la otra persona, sino que me siento respetad@ e informad@ sobre lo que opina y siente. Así es más fácil aceptar que puede ser válida por lo menos una parte de su opinión.
Y podemos llegar con facilidad a un acuerdo.

Como me dijo otro buen amigo: “Estamos juntos en esto”.


Marta Vidal, psicóloga, Valencia

viernes, 29 de septiembre de 2017

EL ALTRUISMO QUE NOS SOBREPASA

Tenemos sobrevalorado el altruismo, cuando es causa de muchos vacíos internos y adicciones.
Consideramos que es amor “sacrificarse por los hijos” o “perder la vida” para vivir la de los hijos (esto último lo dicen más los hombres). Posiblemente es consecuencia de la cultura cristiana y porque nos venden en la televisión los superhéroes o héroes que se sacrifican y mueren por los demás y son adorados. Pero no nos dicen toda la verdad.

Según la Rae, altruismo significa:Diligencia en procurar el bien ajeno aún a costa del propio”. También encontramos definiciones que tratan de suavizar eso de perjudicarse para beneficiar a otro y giran la definición hacia generosidad, en una distorsión de la realidad.

El altruismo comienza a desarrollarse a los 18 meses según las investigaciones realizadas, y en esa edad tiene un sentido. Es cuando los niños se dan cuenta de que son alguien diferente de los demás. Es su primera etapa de independencia, y cuando toman conciencia de su dependencia de los mayores.
En un niño, el altruismo tiene coherencia con el instinto de supervivencia. Lo que necesita sólo lo puede obtener a través de los otros, de sus padres, y por ello es imprescindible que ellos tengan prioridad antes que él mismo. Trata de complacerles y hacer lo que quieran para obtener su atención, su amor. Luego, a medida que va creciendo, va aprendiendo a ser autónomo y colaborar con el grupo.

Cuando soy adulto, es mi responsabilidad atender mis necesidades. Si mi educación ha sido la correcta, habré aprendido que “hacer por los demás lo que quiero que hagan por mí” ya no vale, es todavía infantil, salvo que lo haya pactado verbal y claramente antes con otro.
El nivel adulto de moral y ética es “tratar de obtener el mayor el bienestar de todos los que forman parte de la situación o el grupo al que pertenezco, incluido yo”.
Ya no funciona intentar que el otro tenga bienestar para poder tenerlo yo. Puedo cuidar mi bienestar y, después, trasmitir o ayudar a que los demás también lo tengan, y eso sí que funciona porque tengo la capacidad para hacerlo.

Compruébalo: Nos pasamos la vida tratando de complacer a los demás, buscando una devolución que no obtenemos. ¿Te has preguntado cuántas veces consigues complacer a los demás? Y si lo logras, ¿cuánto dura el efecto? Suele ser casi siempre la misma respuesta.

Habrá quien se diga que a veces hay que anteponer a alguien o hacer un sacrificio. Si, claro, a veces si. Pero es necesario que el sacrificio sea una decisión consciente. Si yo dejo algo mio para atender a otro, es necesario que me de cuenta de que es mi elección. En caso contrario paso al otro mi responsabilidad, “lo hago por ti”, cuando posiblemente ni te lo ha pedido. Cuando la decisión es consciente, he elegido lo que prefiero hacer, no pierdo mi protagonismo, y lo puedo hacer con alegría y bienestar.
El sacrificio , como el estrés, ha de ser una situación puntual, que soltemos y nos podamos relajar, no un estado mantenido en el tiempo.
Para los católicos: Incluso Jesús, tan relacionado con el sacrificio por la Iglesia, dijo: “Ama al otro como a ti mismo” Ni menos ni tampoco más.

El problema principal es cuando me hago adulto y, sin darme cuenta, sigo esperando que los demás me den lo que ya me corresponde a mi obtener, cuando sigo pensando que la vida es un “toma y daca”, cuando no reconozco que mi vida es mía y que soy el protagonista principal, el responsable principal.
El problema es cuando sigo dando y dando para que me den, para que me devuelvan, y al otro lo voy avasallando y agobiando con tanto dar y se siente incapaz de hacer otra cosa que recibir, ...le supone demasiada lucha equilibrar eso.
El problema es que ya estoy tan entrenado a dar, que ni me doy cuenta de que quizás no me permito recibir, “yo soy generoso, no soy egoísta”.
Y el problema es que voy creándome un vacío interno. Quizás empezó a aparecer con los déficits que pudieran tener mis padres, y que sigo manteniendo con esa costumbre de no atenderme.
Y el problema es que a veces todavía me surge una voz interna saludable que dice “¿Y yo qué?”, que busca el equilibrio, pero no la dejo salir. No me permito ser egoísta, pensar en mi, darme lo que necesito, “me rechazarán”.
Y otras veces siento rabia hacia el otro que tiene lo que yo no tengo ( quizás se lo acabo de dar yo), y no me permito expresarla, no la entiendo.
Y en el peor de los casos, esa rabia que no puedo expresar la vuelvo contra mi, y la convierto en críticas y reproches. El vacío de cariño y bienestar en mi interior es muuuuy grande.
Entonces evito encontrarme con todo eso que me crea malestar y evito estar solo, así no me pongo a “pensar” o, por el contrario, me alejo de todos, me aíslo para no obligarme a atender a nadie, desconectar del conflicto interno, y bebo, fumo, trato de llenar ese vacío que siento en mi interior, muchas veces con adicciones, ... hay muchas alternativas y no suelen ser saludables.

¿Qué puedo hacer?

Dejar de huir de mi mism@. Empezar a darme por lo menos lo mismo que doy a los demás.
Atender a qué siento y escribir, vaciar en el papel lo que siento, mi malestar. El acto de escribir me va equilibrando emocionalmente. Necesito permitirme sentir la rabia para aprender a manejarla. Si quiero aprender a utilizar un recurso necesito reconocerlo y tomarlo.
Conocer, sentir el vacío, la soledad, el aburrimiento y darme cuenta que me asustaba mi propia huida.
Escuchar mis pensamientos dándome cuenta de que yo no soy ellos y que puedo elegir si los atiendo o los dejo pasar.
Aprender a defenderme de lo que me digo que me perjudica y que sólo suele ser verdad en parte. Convertir los reproches y la critica machacona en algo que me pueda servir.
Sentir mi cuerpo, mi respiración, y hacer un poco de ejercicio que seguro que me ayuda a estar mejor y equilibrar mente, emoción y físico.
Empezar a reconocer que mi vida es mía y a elegir que quiero hacer con ella.
Dejar de vivir la vida como una obligación: “Tienes que, has de, debes,...” y elegir y tomar decisiones, también, en función de lo que me apetece, quiero y necesito. Cuando uno es adulto siempre elige, incluso cuando deja que los demás elijan por el.
Darme permiso para dejar de ser siempre fuerte, valiente y generoso. Permitirme ser a veces vulnerable y otras fuerte, dar y recibir, cobarde y valiente, generoso y egoísta, por lo menos lo suficiente para cubrir mis necesidades básicas.
Crearme un ambiente de bienestar que genera salud y disfrute.

Es un regalo para un hijo que sus padres se cuiden y atiendan, que valoren su vida y la enriquezcan, y enseñen con el ejemplo a respetarse y amarse.


Marta Vidal Ginestal

Psicóloga-Valencia

domingo, 3 de septiembre de 2017

¿MAL O BIEN?

Bien y mal es la clasificación que solemos tener para enjuiciar las cosas y, claro, sólo tenemos dos opciones. Así que, si las cosas no están bien, es porque están mal, y si no están mal será porque están bien. Como mucho pasarán a ser normal o regular.
Es terriblemente limitante y nos cierra conciencia a la realidad.

Una discusión con un compañero de trabajo puede convertir nuestro buen día en uno malo y arrastrar nuestro mal humor hasta el día siguiente.
Si nos paramos a sentir cómo estamos empiezan a venirnos palabras. No es fácil, no lo hacemos habitualmente. Quizás podemos estar simplemente irritados con su actitud, o en desacuerdo con lo que dice, de mal humor o enfurruñados. Es mas fácil cambiar un estado de mal humor que todo “un mal día”.

O también me ha ocurrido preguntar a una persona que tenía una enfermedad crónica dolorosa cómo estaba y decirme:
-“Bien”.
¿Y eso qué significa?
-“¿Cómo estás, qué sientes?” pregunto otra vez.
-“Como siempre, estoy acostumbrada”me responde.
-“¿Cómo estás ahora, en estos momentos? insisto. Y entonces suelta el automático, se pone a prestar atención a lo que siente y me dice sorprendida:
-“¡No me duele nada!”. No lo había percibido.

Mal y bien es un juicio de valor.
Mal significa posiblemente que una situación o algo no nos gusta, no lo aprobamos, lo rechazamos. O simplemente que un pequeño hecho, un detalle, ha oscurecido algo mas amplio.
Bien significa que algo a lo que estamos acostumbrados, habitual, dentro de nuestra zona de confort, sigue igual o que ha sucedido algo que nos gusta, que nos alegra.

Muy posiblemente tengáis otras definiciones para bien y mal, porque, a pesar de lo que creemos, es muy subjetivo. No hay nada absoluto al 100%, está demostrado.

No vivimos en un mundo de certezas, ni absolutismos. Vivimos en un mundo de probabilidades, donde lo bueno y lo malo suele estar relacionado, sobretodo, con el momento, las personas, el exceso o la escasez, ...o simplemente con nuestro estado de humor y lo que deseamos.

jueves, 10 de agosto de 2017

¿QUIÉN TIENE LA CULPA?


¿La tengo yo? y si es así... ¿cuánta me corresponde?

Cuando se cae un niño y se golpea con la mesa, ¿quién tiene la culpa? : ¿El niño , los padres, quién le estaba cuidando o la mesa?La mesa se lleva la culpa más de una vez!
La realidad es :
  1. Que la culpa se utiliza para acusar, como algo negativo, sin ver que significa también responsabilidad, y eso es “capacidad de respuesta”, “poder”.
  2. La culpa pocas veces es sólo de una persona. Lo más habitual es que esté repartida.
    Si en el trabajo te encargan una tarea para la cual no estas preparada, si no te dan el tiempo o los medios suficientes para hacerla,... si sale mal, la mayor parte de la responsabilidad de que haya salido así es del jefe. Si te echan la culpa y la tomas, haces de “falso culpable”.
    Las preguntas que te ayudaran a poner las cosas en su sitio y aclararte son: ¿Puedo hacer esto? y ¿me corresponde a mí hacerlo? ¿Qué necesito?
  3. En ese reparto de culpas o responsabilidades, ¿qué parte me corresponde? Un hijo pregunta a su madre si le puede llevar a casa de un amigo a las 5. La madre le responde que a las 5 no, a las 6. Más tarde, cuando le esta llevando, el hijo le dice a su madre que llega tarde por su culpa. La madre le responde que llega a casa de su amigo por su culpa, pero llega tarde por culpa de que él no le ha avisado de que llegaría a las 6.
    ¡Cuidado! Sobretodo en discusiones de pareja he visto que muchas veces uno asume la totalidad de la culpa sólo porque hay una pequeña parte que es suya y es cierta.
  4. Sólo el que asume culpa de algo, tendrá el poder para cambiarlo. Como decía antes, culpa es responsabilidad, es decir, capacidad de respuesta. Si le echamos la culpa a otro de nuestros errores, perdemos la posibilidad de corregirlo y aprender algo nuevo.
    Por ejemplo, “si te ocurre siempre lo mismo”, si se repite de la misma forma, seguramente haces tú algo para que se vuelva a repetir.
    La pregunta que necesitas hacerte es: ¿Qué pasa? ¿Cómo sucede? Te dará el encadenamiento de conductas y emociones que produce ese resultado.
  5. A veces hacer lo correcto nos hace sentir culpa. ¿Cómo es posible? Esto confunde mucho y hace dudar y a veces echar marcha atrás a la hora de actuar.
    Me explico: En toda familia hay una serie de reglas de conducta, unas son explicitas y otras reglas no se han nombrado nunca. Regulan las preferencias y los rechazos de la familia y suelen seguir las reglas de la sociedad. Pero a veces no es así. Hay familias en las que hay miedo a cantar bien, hay otras en las que las mujeres son las activas y los hombres pasivos, hacer chistes o bromas lo consideran de tontos y hay que ser inteligente, etc. Cuando una persona se sale de las reglas que regulan el sistema familiar y se atreve a hacer “algo prohibido” como cantar bien , o hacer tonterías, se va a sentir culpable, simplemente porque no sigue las normas familiares. Es una culpa saludable, aunque no sea agradable, y necesaria para salir al mundo cuando eres adulto. Pasará la sensación y te sentirás mejor que antes.
  1. Y por ultimo, cuando nos movemos en el ámbito de lo esotérico, acostumbramos a echar culpas fuera, porque nos movemos en absolutismos.
    Las personas hablan de “ladrones de energía” que hay que evitar porque nos desvitalizan. No somos conscientes de que posiblemente nosotros estamos poniendo energía en exceso. Por ejemplo cuando queremos “salvar” a alguien del estado de decaimiento o queja en el que está, tratando de animarle. Lleva a la frustración y agotamiento, no es el camino.
    También está todavía de moda hablar de “personas tóxicas”. Nada es tóxico si tu no lo tomas. Pon limites.
    Cuando no se tiene la sensación de controlar el futuro, la gente juega a la lotería, llama a adivinas, etc. En estos casos no se está asumiendo el protagonismo de la propia vida, no se plantea uno objetivos inmediatos y posibles en la vida y no se esta arriesgando a equivocarse o frustrarse.

Si queremos sentirnos con poder, aceptemos la “culpa” que nos corresponde en la vida, sin sentirnos mal, respirando, poniendo límites a nuestras responsabilidades, no tomando lo que les corresponde a otros, concretando, asumiendo el protagonismo en nuestra vida aunque sea con un poquito de miedo.
Sentiremos nuestras capacidades y nuestro poder hacer, aunque sólo sea a veces para opinar.





















sábado, 29 de julio de 2017

EN EL TEATRO DE LA VIDA...

Tenemos un lugar. A veces nos quedamos entre bambalinas observando pasar nuestra vida sin implicarnos en ella.
Pero si nos implicamos, en un sentido mas amplio de la vida, a veces somos protagonistas, otras actores secundarios y también extras. No siempre estamos en la posición que nos gustaría estar. Algunos días nos levantamos sintiéndonos protagonistas y nadie nos ve, pasamos totalmente desapercibidos, y otros días nos sentimos demasiado observados y nos gustaría ser sólo extras.
En cualquier caso tenemos un lugar en la vida. Como decía Teresa de Calcuta, quizás sólo seamos una gota en el océano , pero si no estuviese, faltaría.

Y como actores, tenemos unos papeles o máscaras. Somos hijos y somos padres, somos arquitectos, carpinteros, o comerciales; somos victimas y salvadores; somos fuertes, débiles, habladores y callados. Somos los papeles que trajimos a este mundo, los que nos han dado cuando eramos niños nuestros padres y también los que nosotros mismos hemos aprendido. Muchas veces no nos damos cuenta de que es sólo un papel, que lo podemos soltar y seguir siendo nosotros. Nos perdemos en los demás, complaciendo a los que nos rodean y luego no nos encontramos. Somos más que los papeles que representamos.

Y los actores siguen guiones. Podemos reconocer un guion porque es una situación que “siempre acaba igual”, o tienes la sensación de haberlo vivido ya, “siempre es lo mismo”. No suele tener preguntas, y el otro siempre responde igual. Y si nos damos cuenta de que estamos implicados en un guion, podemos cambiarlo si queremos. Basta con preguntar algo o dejar de responder como siempre.


En el teatro de la vida también podemos ser guionistas.

martes, 30 de mayo de 2017

AMAR SIN MIEDO A PERDER

Nos dicen que amar es preocuparse por los demás. Y lo hacemos. Nos preocupamos y empezamos a dar vueltas en la cabeza a todas las posibles desgracias que pueden ocurrir a las personas que queremos, hasta que, en el mejor de los casos, mandamos a paseo todos esos pensamientos. Y nos sentimos libres, aliviados y posiblemente culpables por dejar de pensarlo.

Pero tenemos derecho a amar sin pre-ocupaciones. Tenemos derecho a ocuparnos de los demás cuando es posible, pero es imposible hacerlo antes de tiempo. Podemos prevenir y si ocurre algo desagradable ayudar cuando ocurra pero todo lo demás no son más que imaginaciones y, además, desagradables. A nadie ayudan, y pasamos ¡hasta horas! dándole vueltas en la cabeza a pensamientos nefastos y creándonos desde malestar físico hasta ataques de ansiedad.

Nos engañamos y engañamos a los demás diciendo que “les queremos más porque nos preocupamos de ellos”. Eso no es amor, eso es miedo a perder a quien amamos. Es un miedo alimentado por pensamientos catastróficos.

Esos pensamientos se llaman perspectivas catastróficas y surgen cuando llega tarde la persona que amamos (“¿habrá pinchado una rueda?”), va a venir a vernos en avión (“¿y si se cae el avión? será culpa mía”), se escapa el perro (“seguro que lo han atropellado”), los hijos adolescentes no vienen a la hora acordada...No voy a dar mas ideas ,son demasiadas las que escucho cada día.

Me decía una profesora, Loretta Cornejo: “Necesitamos suponer para actuar, pero puestos a imaginar ¿por qué no suponemos cosas agradables?”
Podemos pensar que mi perro esta disfrutando ahora de vivir con una familia que le deja entrar en la casa, como le gustaba; que mi hijo ha conocido esa noche a su novia, a su futura pareja y han perdido la noción del tiempo; tantas y tantas cosas que nos dejan buen cuerpo!


Cuando amamos con amor auténtico, lo hacemos en el presente, sin posesividad, sin alimentar los miedos, como un regalo que nos trae la vida y cuya duración nadie sabe por adelantado. Simplemente ¡disfrútalo!.

martes, 2 de mayo de 2017

EL PODER DE LA AMABILIDAD

Complacer no funciona, está comprobado.
¿Cuánto dura el efecto o la satisfacción de complacer a alguien?
Apenas unas horas.
La mayoría de las veces tratamos de compensar a otra persona por habernos enfadado con ella.
También buscamos en el fondo que el otro lo haga con nosotros. Y como no suele ocurrir y sentimos rabia. 
Y estamos continuamente tratando de complacer a todos los que nos rodean para verlos felices y así permitirnos ser felices nosotros también. Difícil.


En cambio, tenemos la capacidad de ser amables. Es algo parecido pero no es igual.
¿Qué sientes cuando eres amable, qué diferencia hay? Piénsalo antes de seguir leyendo.

1.¿Una sensación interna de ser más tu mismo que cuando tratas de complacer?
2.¿La libertad de decir si o no a la otra persona, y mantener amabilidad?.
3.¿Respeto por el otro y sus circunstancias, y a la vez a ti mismo?

Cuando miré su significado en el diccionario me sorprendí.  Ser amable significa “ser digno de ser amado”.